Portobelo se consolida como símbolo de memoria africana y cultura afrodescendiente
Un viaje emocional hacia las raíces
Entre tambores congo, relatos ancestrales y las antiguas estructuras coloniales de Portobelo, visitantes, líderes culturales y autoridades locales coincidieron en una reflexión común: la necesidad de preservar la memoria afrodescendiente y reconstruir una identidad que la esclavitud fragmentó hace siglos.
La conversación surgió en el recorrido por el Museo de la Aduana de Portobelo, donde una visitante brasileña identificada como Carmen Carmola expresó la profunda emoción que sintió al encontrarse cara a cara con la historia de sus antepasados.
“Sé que mi familia viene de África, pero no sabemos de dónde exactamente”, confesó. “Cuando intentamos escribir nuestro árbol familiar, mi abuela me decía: ‘No sabemos más nada’”.
Su testimonio abrió el debate sobre las conexiones históricas entre los afrodescendientes de Panamá, Brasil, Colombia y el Caribe.

Las huellas de África en América
La directora de Arte y Cultura de la Fundación Bahía de Portobelo, Anisley Torres, explicó que durante la trata transatlántica existieron distintos puntos de embarque en África desde donde miles de personas fueron trasladadas hacia América.
“Los grupos humanos se separaban según los intereses de los colonizadores. Por eso podría existir una comunidad amplia que se extiende entre Panamá, Colombia, Brasil y Cuba”, señaló.
Torres indicó que entre las etnias africanas traídas a la región figuran grupos bantú y otras comunidades cuyos descendientes todavía conservan elementos culturales comunes.


La Negrería: un sitio que busca volver a la memoria
Mientras tanto, el alcalde de Portobelo, Carlos Chavarría, destacó la importancia de rescatar espacios históricos vinculados a la esclavitud, entre ellos el antiguo sitio conocido como “La Negrería”.

Según explicó, ese lugar funcionó inicialmente como espacio donde los africanos esclavizados eran exhibidos para su venta y posteriormente fue utilizado como cementerio.
El alcalde recordó que la zona forma parte del patrimonio histórico de Portobelo junto a fortificaciones y templos coloniales que narran parte de la historia afrodescendiente y colonial del Caribe panameño.
El tambor como resistencia cultural
Pero la memoria en Portobelo no solo vive en las ruinas. También se mantiene viva a través de la cultura congo, transmitida de generación en generación mediante la música, el baile y las tradiciones orales.
La joven artista congo Madeleine Lara relató que su conexión con el tambor nació desde la infancia y forma parte de un legado familiar.
“Sin tambor no hay congo”, expresó. “Cada vez que agarro mi tambor siento felicidad”.

Lara explicó que heredó el reinado de su abuela, quien fue reina de los congos de María Chiquita durante más de 30 años.
“Mi reinado viene de linaje”, comentó.
Actualmente trabaja con grupos infantiles para asegurar que las nuevas generaciones mantengan viva la tradición.
“Mi legado es con los niños y las niñas, porque si no se deja una semilla, la cultura no va a seguir”.
Una lengua para resistir
La joven también explicó que dentro de las comunidades afrodescendientes se preservó una lengua congo utilizada históricamente como forma de comunicación entre esclavizados para evitar que los amos entendieran sus planes y conversaciones.
Durante las actividades culturales, los asistentes observaron representaciones del diablo congo, personaje que simboliza al opresor colonial español dentro de esta tradición.
“Nos vemos reflejados en San Sebastián porque fue un mártir, igual que muchos de nuestros antepasados”, señaló Lara.

“Todos somos uno”
Al cierre del recorrido, la emoción de Carmen Carmola volvió a resumir el significado profundo de la experiencia en Portobelo: una búsqueda de identidad, memoria y reconciliación.
“A veces siento rabia por lo que pasó, pero tenemos que vivir en paz”, dijo. “El turismo nos conecta, muestra el dolor de otros y nos recuerda que todos somos uno”.



