Artesana emberá en Panamá preserva la tradición ancestral de la chunga

Entre fibras de chunga, máscaras talladas y figuras de animales que parecen cobrar vida entre sus manos, Narcisa Lino custodia silenciosamente una parte invaluable de la cultura emberá. Desde hace tres años vende sus artesanías en un hotel de la localidad, donde turistas nacionales y extranjeros se detienen atraídos por el colorido y la autenticidad de sus creaciones.

A sus 65 años, esta artesana emberá mantiene viva una tradición heredada de su madre, quien le enseñó desde niña el delicado arte de trabajar la chunga, una fibra extraída de la llamada palma negra, abundante en las selvas de Darién y Gamboa.

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“Mi madre me enseñó”, dice con sencillez mientras sostiene una figura tejida a mano que le tomó cerca de un mes terminar. Entre sus piezas hay platos, máscaras, figuras de monos, cocodrilos y canastas, todas elaboradas con paciencia y precisión artesanal.

Narcisa nació en Darién, cerca de la frontera con Colombia. Recuerda que junto a su familia tuvo que emigrar debido a la violencia que afectó la zona durante la presencia militar en el área fronteriza. “A nosotros casi nos matan todos”, comenta con serenidad, sin dramatizar una historia marcada por el desplazamiento y la supervivencia.

Fiel a su cultura y raíces

Pese a las dificultades, nunca abandonó sus raíces ni el legado cultural de su pueblo. Hoy, cada pieza que vende representa mucho más que una artesanía: identidad cultural.

Agradece a quienes valoran su trabajo y se interesan por conocer el origen de sus creaciones. Sus seis hijos también aprendieron el oficio, una señal de que la tradición emberá continúa abriéndose paso entre las nuevas generaciones.

La humildad de Narcisa contrasta con la grandeza cultural que preserva. Sentada detrás de su pequeño puesto, recibe a cada visitante con una sonrisa discreta y la paciencia de quien entiende que sus manos no solo tejen fibras, sino también historias ancestrales.

En tiempos donde muchas tradiciones corren el riesgo de desaparecer, artesanas como Narcisa Lino se convierten en guardianas silenciosas de la identidad emberá y del patrimonio cultural vivo de Panamá.

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